martes, 2 de agosto de 2011

Capítulo 19.

Me llamó la atención uno de los archivos llamado SCARECROW, intenté abrirlo pero me pedía una contraseña y parecía imposible de descifrar, introduje  varias series de número, incluso algunas palabras, pero a  saber qué  locura se le había ocurrido a mi padre esta vez.
Habían pasado las horas, rondaban las 7 de la tarde, y a los dos nos crujían las tripas.
Alguien llamó a la puerta, Gerard fue a abrir mientras yo seguía con mi empeño de abrir ese archivo.  Alguien dejó una bandeja con comida a mi lado, me giré y vi a Korse.
-¿Qué haces aquí?- dije mirándole a los ojos.
-¿Acaso no tienes hambre?- respondió, y acto seguido, cogió una manzana que se encontraba sobre la bandeja y la mordió. Entonces me di cuenta de que Gerard ya no estaba en la habitación.
-¿Dónde está Gerard?- pregunté preocupada.
-Ahora mismo estará junto al resto de tus amiguitos- y volvió a morder la manzana.
-¿Qué diablos le has hecho?- grité levantándome de la silla. Él empezó a reír y yo le empujé contra la pared.
-Tranquila- pudo decir intentando no reír- Están vivos. De momento.
-Maldito cabrón- susurré.
-¿Te quieres reunir con ellos?- dijo intentando contener la risa.
No sabía a qué se refería por lo que no respondí.
-Come algo primero, no queremos que te mueras ¿Verdad?-  y comenzó a reírse de su “cariñosa broma”. Movió la bandeja hacia mí, me volví a sentar y comí un poco.
-Vámonos- dijo Korse. Que había estado observándome durante la comida.
Atravesamos un laberinto de pasillos hasta llegar a una puerta de madera. Nos detuvimos allí. Le miré para preguntarle en silencio, el asintió con la cabeza, y aunque no me fiaba de él, un grito detrás de la puerta me convenció. Agarré el pomo y lo giré, pero no se abría. Korse me apartó e introdujo una tarjeta en una ranura al lado de la puerta, esta se abrió y nada más iluminarse la sala Korse me empujó allí dentro y la puerta se cerró. No había nadie allí dentro, me había engañado. Era una estancia rectangular, totalmente blanca, exceptuando las dos puertas de madera, una a  cada lado de la habitación. De repente la contraria a por la que yo había entrado se abrió y aparecieron los chicos, estaban magullados por todas partes, por lo que cuando me tiré a ellos para abrazarlos, les hice daño y me tuvieron que apartar, pero aún así yo no les soltaba y les abrazaba con aún más fuerza. Mikey se abrió paso entre Ray y yo, que en ese momento estábamos abrazados. Al ver a Mikey, mi expresión de alegría se tornó para convertirse en una de odio, pareció darse cuenta y puso una mueca de incredulidad, le aparté de mi camino y me dirigí hacia Frank, él agarró mi cara y me besó, yo no me resistí, dado que ya no estaba con Mikey, por lo que le devolví el beso.
-Lo siento- dijo él apartándose. Pero yo le agarré de su rota chaqueta y le acerqué hacia mí, le sacaba casi una cabeza por lo que me agaché y le volví a besar, sin otra intención que darle ver a Mikey que le había olvidado. Pero entonces Gerard no separó, me empujó contra la pared, me agarró de las muñecas -¿Qué coño haces?- dijo mientras yo intentaba soltarme.
Frank le apartó de mí empujándole y se volvió hacia mí. -¿Por qué has hecho eso?
-¿El qué?-repliqué.
-¿Qué diablos pasa contigo?- Mikey se acercó a mí y me miraba desconsolado, pero no iba a caer de nuevo en su trampa. Me reí a carcajadas, me puse frente a Mikey le abofeteé mientras los demás miraban incrédulos. Él se echó hacia atrás.
-¿Pero qué coño?- musitó mientras se llevaba las manos a sus mejillas.
-¿Qué diablos pasa aquí?- dijo Ray intentando calmar el ambiente.
-¿Por qué?- dije mirando a Mikey. -¿Por qué coño me dejaste ilusionarme?
-¿Qué? – dijo Mikey frotándose las mejillas.
-Déjala en paz –interrumpió Gerard.
-¿Qué ocurre?- me dijo Frank, ignorando la discusión entre Mikey y Gerard.
-Mikey es un jodido cabrón- susurré.
-¿Qué coño te ha hecho? Juro que pagará por ello- dijo Frank lanzándole a Mikey una mirada asesina.
-Cristina, ¿Podemos hablar a solas? – dijo Mikey. Yo le dediqué una falsa sonrisa y fuimos a una de las esquinas de la habitación.
-¿Qué pasa aquí?- dijo agarrando mis manos. Yo me solté bruscamente.
- se acabaron los juegos- dije subiendo la barbilla.
-¿Qué?- respondió intentando cogerme las manos de nuevo.
-Estoy al tanto de todo, de tus malditas mentiras, me hiciste quererte como una idiota- en ese momento no pude contenerme y sentí un aguijonazo en el ojo, a la vez que las lágrimas salían.
-Cristina, yo te quiero- dijo limpiándome las lágrimas.
-No, por favor, no sigas- dije apartando sus manos de mí. No quería que dijese nada más, cada palabra que él pronunciaba me destrozaba por dentro, aún le quería, aunque intentase olvidarle.
-¿Por qué piensas lo contrario?- preguntó, e intento abrazarme.
-Mikey, no juegues más conmigo por favor- le supliqué entre lágrimas.
-Oye, te quiero ¿Me oyes? Te-Quiero- dijo separando las dos últimas palabras.
-Por favor- ahora casi no podía hablar ¿Por qué hacía eso? ¿Por qué se empeñaba en seguir jugando?
-Nunca, jamás, pienses lo contrario- dijo agarrándome la cara. No sé por qué, pero en ese momento le creía.
-Pero Gerard dijo…-musité. Entonces él puso una expresión de odio  y repitió las palabras que yo acababa de decir, indicándome que siguiese.
-Gerard me dijo, que tú no me querías, que solo estabas jugando conmigo…-dije con las pocas fuerzas que me quedaban.
-Cabrón…-susurró él.-Oye, tal vez…empezase así.-continuó, y sus palabras retumbaban en mi cabeza. –Pero no fue así como continuó, me enamoré de ti y me arrepentí de haberte engañado.
-¿Qué?- ahora mismo estaba hecha un lío ¿Quien mentía aquí?
-Lo siento, siento haberte mentido- repitió.
-¿Cuándo?- dije, pues quería saber cuando dejó de mentirme.
-¿Qué?-dijo con sus manos ahora en mi cuello.
-¿Cuándo…-no creía que esas palabras las fuese a decir yo- te…enamoraste de mí?
-La noche que pasamos en casa de Renné- ahora nos mirábamos fijamente, y ninguno apartaba la mirada.
No pude aguantar más y le abracé, nuestros labios se rozaron de nuevo, haciendo que sintiese la electricidad que hacía mucho que no sentía, agarré su cabeza, enredando mis manos en su pelo  y apretándolo contra mí. Yo había dejado de llorar y él me sujetaba entre sus brazos, me levantó levemente sobre el suelo.
Nos acercamos a los chicos, lo cierto es que yo aún estaba un poco confusa, pero después de que Mikey me besase la mejilla, nada me preocupó.

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