-Entonces…-dijo Frank.
-Todo está arreglado- sentencié.
-Perfecto- añadió Ray.
-y ahora ¿Cómo salimos de aquí?- preguntó Mikey.
-Tengo un plan-respondí, y uno segundos después, la puerta por la que yo había entrado se abrió dejando ver a un sonriente Korse, nada más salir, le golpeé y al no esperárselo cayó al suelo le quité su pistola laser y grité a los chicos que saliesen. Golpeé a Korse con su pistola en la cabeza dejándole inconsciente en el suelo, pensé en matarle allí mismo, pero le reservaba algo aún peor. Volvimos a la oficina, guardé todos los archivos en un disco, mientras los chicos hacían guardia en la puerta. Tras cerciorarme de que todo se había guardado correctamente, disparé a los ordenadores, destrozándolos por completo. Antes de irme, volví a entrar, agarré la foto de mi padre y la tiré contra el suelo, rompiendo el marco y el cristal, la cogí y la guardé en uno de los bolsillos del vestido. Nos abrimos paso entre los draculoides que de repente habían aparecido, logramos salir de edificio. Entonces, oímos un grito, Gerard y yo vimos a una Killjoy tirada en el suelo con un disparo en el brazo. Gerard la cogió y la levantó del frio suelo, poco después, los chicos aparecieron con una furgoneta que se habían encargado de tomar prestada. Ray conducía, Frank estaba a su lado y detrás estábamos nosotros junto a Mikey.
Huíamos de allí lo más rápido que podíamos. Yo intentaba hablar con aquella chica, a la vez que rompía su camiseta y le hacía un nudo sobre la herida. Cuando nos habíamos alejado lo suficiente y la chica se había tranquilizado un poco, nos presentamos. Lo cierto es que su herida era grave, y al hablar, se notaba su dolor.
-Soy…rachet poison…-dijo, le costaba hablar, por lo que decidimos dejarla descansar.
Llegamos a mi motel, todo parecía estar igual. Mi moto estaba donde la dejé, supuse que con el detonador aún guardado.
Bajamos de la furgoneta y Gerard cogió a Rachet poison. Entramos en el motel y la dejó delicadamente sobre el sofá.
Tras guardar la moto en mi pequeño garaje, entré al motel y fui a por algo de beber para Rachet poison. Llené un vaso de agua y se lo llevé.
-Toma- dije acercándoselo a la boca, dado que no podía mover su brazo derecho. Tras dar unos pequeños sorbos, susurró un corto “Gracias”. Le dije que descansase, que ahora estaba a salvo.
Los chicos estaban sentados alrededor de la mesa, me acerqué a ellos con los puños en alto, en señal de victoria. Ellos rieron y me imitaron.
-Buen plan- dijo Ray.
-Aunque deberías habernos avisado- añadió Gerard.
-Pero todo ha salido bien- concluyó Mikey.
Yo sonreí. Pero ahora tocaba la segunda parte de mi plan. Averiguar qué contenía el archivo llamado SCARECROW. Aunque esta parte podía retrasarse un poco.
-Oye- oímos decir a Rachet Poison detrás de nosotros. Estaba de pié, sonriente, parecía no sentir el dolor, y ella misma se había sustituido la venda por otra, de su misma camiseta.
Fue entonces cuando me fijé en ella, no era demasiado alta, pero un poco más que yo, con el pelo negro a capas, largo. Unos ojos marrones oscuros, que parecían negros, y llevaba una desgarrada camiseta morada, con unos pantalones amarillos chillones y unas botas militares negras.
-Ven- dije agarrándola de la mano, la llevé a mi habitación.
-Toma- dije tendiéndole una camiseta verde, dado que de la suya ya no quedaba mucho.
Me lo agradeció con una sonrisa.
-¿Qué hacías en Battery City?- pregunté curiosa.
-Buscaba a mi hermano, que fue capturado hace unos días por unos draculoides.
-¿Ha habido suerte?
-Sí, logró huir antes de que me dispararan. –ahora su sonrisa era aún más alegre a pesar de todo lo que le había ocurrido.
-Oye, soy Cris- dije sonriente.
-Laura- dijo devolviéndome la sonrisa.
Volvimos al recibidor, donde los chicos parecían estar muy callados. Nada más entrar no pude evitar ver como Laura miraba a Mikey. Se me escapó una risita y todos me miraron, hice un gesto para que me ignoraran.
Se presentaron por sus verdaderos nombres mientras yo iba a la cocina, a buscar algo de comer para Laura. Le llevé unos cereales. Mikey y ella estaban sentados en el sofá, y no pude evitar ponerme un poco celosa, pero sabía ocultarlo. Además, sabía que no podía pasar nada entre ellos.
Me senté en una de las sillas. Miraba a través del cristal de la ventana, veía un gran desierto, un par de montañas y una carretera. Echaba de menos la vegetación, los árboles, las flores. Ahora no había nada. Recordé cuando tenía 5 años y mi padre me llevaba a dar largos paseos por las calles de una ciudad, la ciudad en la que nací. Y con la que la industria acabó. Ahora tenía 22, y había pasado tantísimo tiempo. Pero lo recordaba como si hubiese sucedido ayer. Sentí como mis ojos se humedecían, por lo que apreté los párpados para evitar llorar. Al abrirlos, Frank estaba sentado frente a mí, con la silla del revés. Sonreía, le alboroté el pelo y acerqué mi silla a la suya.
-Gracias- dijo.
-¿por qué?- pregunté, sin saber a qué se refería.
-Por haberme sacado de aquél infierno.
-No soportaba verte allí. –respondí sonriéndole.
Frank iba a decir algo, pero las carcajadas de Laura y Mikey le interrumpieron. Los dos les miramos. Lo cierto es que ahora si que estaba bastante celosa.
-Mikey ¿puedes venir un momento?- dije para poder separarlos.
-Un segundo- dijo. Se levantó, alborotó el pelo de Laura, haciéndola de rabiar. Y me siguió hasta mi habitación.
Una vez dentro agarré su pelo y le apreté contra mí, introduciendo mi lengua en su boca. Él se separó un poco.
-¿A qué viene esto?
-Para que recuerdes que eres mío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario